Corazón partido en dos

By on octubre 8, 2013
Uno nunca se imaginaría en encontrar el amor verdadero a los 12 años, mucho menos en presentación de cuatro patas; pero así me pasó a mí.

Mi infancia tuvo muy fuerte la presencia de mascotas, tuvimos pollos, canarios, un ave que aún no conozco su ¿raza?, un gato adoptado y mi primer amor: Tammy.

Aún recuerdo, como si lo hubiera vivido ayer, ese domingo 28 de noviembre de 1999. Me mandaron a comprar el periódico y en mi camino estaba un lindo perro color grisáceo rascándome detrás de las orejas, como acostumbro, lo acaricié y me comenzó a seguir; huí de el mientras iba a casa, pero el creyó que yo jugaba y corría detrás de mí. Llegué a casa y le dije a mis padres totalmente emocionada sobre lo sucedido, ellos dijeron que lo hubiera metido. Así que les hice caso y lo subí al departamento donde vivíamos, al principio mi padre estaba renuente a adoptarlo, pes agua querían un pequeño maltés que no tuviera pulgas, pero los convencimos mis hermanos y yo con la condición de bañar al pequeño nuevo integrante, nuestra sorpresa fue que no era gris, sino Rubio.

Esa tarde hicimos reunión para elegir su nombre, entre las opciones habían nombres de caricaturas, pero elegimos el nombre de Tommy. El cual ese mismo día aprendió.

Al día siguiente, fuimos con el veterinario y nos dijo que tenía sarna, aproximadamente dos meses de edad y que no era un el, sino ella. Así que cambiamos el nombre a Tammy y le tratamos su sarna.

Como cachorro que era, hizo muchas travesuras y mi padre que no era tan amante de los animales decidió llevarla lejos de casa y dejarla ahí. Pero no contaba con que llevaba el pequeño collar con los datos de nosotros escondido entre su hermoso pelaje, por lo que a los cinco días la llevaron de regreso y mi padre la aceptó.

Podría numerar la cantidad inmensa de aventuras que tuvimos, siempre que vemos la película de “Marley y yo” decimos que es una historia muy parecida a la nuestra: Sus travesuras, los paseos que le di por muchos años, la forma en que nos cuidaba a todos especialmente cuando estábamos tristes, enfermos o molestos. Ella siempre nos confortaba.

Cuando me gradué de la licenciatura me involucre más con la responsabilidad económica y de su veterinario.

Con ella todos aprendimos a cuidar, respetar y amar a todos aquellos peludos. Nos enseñó lo que es el amor verdadero e incondicional que sólo un familiar de cuatro patas te puede ofrecer. Jugamos y crecimos juntos. Hasta nos mudamos a otro estado con ella.

El 18 de marzo de este año, Tammy estaba rara, se veía preocupada e incómoda, su abdomen se veía inflamado. Comencé a buscar médicos veterinarios para ir a consultar, pero al ser domingo de puente nadie contestaba los teléfono, pedí ayuda en mi Twitter y Facebook, subí a mi niña al carro y por dos horas recorrí la ciudad, conseguimos el dato del presidente de la asociación de los derechos animales de la ciudad, la vio y sólo le dio un antiinflamatorio. Ella empeoraba.

Fue una noche muy amarga, triste. Sólo restaba esperar a que amaneciera para buscar a alguien que pudiera atenderla. Me dormí a las 3 am muerta de cansancio por el desgaste emocional de ese día y a las 6:45 am me despertó mi hermana para decirme que acababa de fallecer mi pequeña hermana.

A partir de ese día, una gran parte de mi corazón se vistió de luto y mi casa se sentía vacía. Fue un dolor que aún no término de superar.

En casa hacia falta ese rayo de sol, nos sobraba amor para dar, así que yo lo repartía con los que no tienen un hogar.

Una noche, fui con mi madre a la tienda y vimos a unos perritos en la calle siguiente a mi casa, una pequeña sarnosita con mucho miedo se acercó cautelosamente a nosotras.

Con el dolor por la pérdida de Tammy no queríamos meter a otro peludo a casa. Sólo que esa pequeña se quedo en nuestra mente.

A la semana siguiente la volvimos a ver, el 6 de mayo, y le pedí a mamá que le diéramos un poco de comida y agua, pero ese poco de convirtió en el compromiso de adoptarla.

A pesar de la tristeza con lo sucedido a Tammy, sabemos que tantos años de felicidad y aventuras pesaron más que haberla dejado ir, así que hemos dado por segunda vez una oportunidad de vida a nuestra pequeña Galleta.

Con Galleta vamos empezando, pero ya nos ha dado demasiado amor, así como Tammy, ambas diferentes, pero son nuestros soles.

Con ambas cuando me han preguntado la raza, yo siempre contesto orgullosa que son cruzas que me encontré llenas de sarna en la calle, pero que nuestro amor las ha puesto tan bellas como cualquier perro de raza.

Esta es mi historia, una historia con dos amores, uno de muchos años que aún recuerdo con amor y agradecimiento y el otro como un libro nuevo para mi biblioteca de amor perruno. Espero que llegue a más corazones y lleven a su familias y hogares a un familiar de cuatro patas al que cuiden como lo que son, familiares.

Paulina
paulina

About arturo

Acerca de mi: Vivo felizmente casado, con 10 perros, más los que se van añadiendo a la manada, nunca he vivido sin perro, ni quiero. Descarga nuestra app, es gratis! encuéntrala con la palabra croqueton

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