Yo fuí taurino.

By on julio 16, 2017

Y no fuí villamelon como muchos, pues hace 20 años no teníamos la rapidez de Google en nuestro smartphone, así que leía revistas y algunos libros de consulta, guiado por las estupideces del Joven Murrieta, aquel que Jacobo Savloudowski encumbrara en su sección Toros y Deportes, así como si de un deporte se tratara el masacrar un toro hasta la muerte. Paco Malgesto, Carlos Fernandez, Pepe Alameda, Juan Belmonte y muchos otros que escuchaba por la radio AM, inclusive me tocó llevar mi WalkMan, a las plazas para ir escuchando la narración de la corrida. 

Recorrí casi todas las plazas de toros de México y varias de España, guiado por la necesidad de alcohol, fiesta y el de pertenecer a un grupo de personas al que no pertenecía, a mi en realidad me gustaban los animales, todos, pero me tragué la idea de la valentía de los toreros, esa valentía que es más bien como la característica  que menciona el Maestro Alberto Cortez en su poema El Vino.

Si señor, si señor:

el vino puede sacar

cosas que el hombre se calla;

que deberían salir

cuando el hombre bebe agua.
Va buscando, pecho adentro,

por los silencios del alma

y les va poniendo voces

y los va haciendo palabras.
A veces saca una pena,

que por ser pena, es amarga;

sobre su palco de fuego,

la pone a bailar descalza.
Baila y bailando se crece,

hasta que el vino se acaba

y entonces, vuelve la pena

a ser silencio del alma.
El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.
Cosas que queman por dentro,

cosas que pudren el alma

de los que bajan los ojos,

de los que esconden la cara.
El vino entonces, libera

la valentía encerrada

y los disfraza de machos,

como por arte de magia…
Y entonces, son bravucones,

hasta que el vino se acaba

pues del matón al cobarde,

solo media, la resaca.

Si señor.
El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.
Cambia el prisma de las cosas

cuando más les hace falta

a los que llevan sus culpas

como una cruz a la espalda.
La puta se piensa pura,

como cuando era muchacha

y el cornudo regatea

la medida de sus astas.
Y todo tiene colores

de castidad, simulada,

pues siempre acaban el vino

los dos, en la misma cama.
El vino puede sacar

cosas que el hombre se calla.
Pero… ¡qué lindo es el vino!.

El que se bebe en la casa

del que está limpío por dentro

y tiene brillando el alma.
Que nunca le tiembla el pulso,

cuando pulsa una guitarra.

Que no le falta un amigo

ni noches para gastarlas.

Que cuando tiene un pecado,

siempre se nota en su cara…

Que bebe el vino por vino

y bebe el agua, por agua.”

Que cierto, no?
Y así … fuí tan solo una marioneta, parte de la borregada , tratando domingo a domingo de estar en en el tendido de sombra, de preferencia gastando gran parte de mi sueldo con tal de estar cerca de alguna celebridad que tan solo asistía para lucir sus mejores galas, ahí estaba yo, burlándome con los amigos de aquellos que no tenían idea lo que era una chicuelina, un pase de pecho o recibir a porta gayola al toro, cuchicheando al momento de que el torero se lanzara a matar y pidiendo que lo hiciera con una buena estocada, pues en el fondo no me gustaba que ésta, la estocada, fuera mala pues tendrían que que repetirlo hasta el punto en que quizás tendría que venir el descabello, que es cuando estoquean al toro con un cuchillo pequeño en la nuca. 

Por qué soporté tanta masacre?, por qué fui tan cobarde y poco hombre y no tener la valentía de decir : No voy, no estoy de acuerdo. Esa presión de tener que estar donde no se quiere estar, por qué si no acepta uno , no vuelva a estar. Y al final me doy cuenta que los cobardes tienen que estar donde los demás de su género  gustan de estar. En esas plazas cerradas, donde a su interior pueden dar rienda suelta a sus desvíos y nadie los pueda juzgar.

La vida tiene caminos sinuosos, y quizás tuve que ver esa maladad para abrir los ojos y poder poner la balanza en su justa dimensión. Con los años llegó a dar estabilidad a mi vida la mujer con quien en realidad tenía que estar, y con un par de cachetadas simuladas me di cuenta que tenía que dejarme de esas pendejadas. Y si, ahí fue cuando todo terminó y me di que es tan fácil como dejar de fumar, pues más que un vicio es una situación mental.

Pus si señores, yo fui taurino, y con el simple hecho de pronunciarlo casi vomito, la conciencia por el bienestar animal en mi caso no solo se ha delimitado a los toros y a los perros por quien late fuertemente mi corazón, un día conocí la palabra especismo y a partir de ese momento la he puesto en práctica, en mi plato ya no hay restos de cadaveres de animales y espero en breve ya tampoco los subproductos de ellos. 

El valiente vive hasta que el cobarde quiere. 

Y tú  Taurino, Cuánto tiempo más vas a seguir siendo cobarde ? 

About arturo

Acerca de mi: Vivo felizmente casado, con 10 perros, más los que se van añadiendo a la manada, nunca he vivido sin perro, ni quiero. Descarga nuestra app, es gratis! encuéntrala con la palabra croqueton

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